sábado, 26 de marzo de 2016

...Cuando me siento bien la música me inspira, merengue, bachata y tu voz de dormida...





Si no lo digo reviento... ¡¡qué bien me siento!!
Cuando parece que el destino no te puede dar más duro donde más duele llega la calma tras la tormenta. Y es que llevaba varios días de estas vacas sintiéndome así: triste, apático, dormido y amamonao. Y eso que no me ha faltado movimiento esta Semana Santa, que si Plaza de la Campana por aquí Calle Sierpes por allá... vamos, que creo que los pestiños y las torrijas de la abuela los ha disuelto mi cuerpo a base de bien.
Durante estos días he reflexionado, pensado y colocado sobre las íes varios puntos que quería dejar bien puestos. Sobre todo respecto a mi esencia como ser humano.
''He cometido mil errores que olvidé'' decía una de esas alegres canciones de aquel agradable cantante sevillano que compuso el himno de uno de los equipos de fútbol de mi ciudad. La cosa es que esa frase ha estado repitiéndose más que el ajo sobre mi mente sobre las gotas de lluvia torrencial, pero es tan cierta... jo, lo que daría por dar marcha atrás en mi vida y no corregir esos mil errores que debiera olvidar, si no transformarlos en aciertos que siempre debiera recordar.
¿Sabéis que es lo guay de todo esto? Recordar lo siguiente: ¡¡Qué aburrimiento de vida sería no equivocarse!! Si la base de todo ser humano es la locura y el caos... que van inequívocamente ligados al error.
Si fuéramos capaces de conseguir todo perfectamente a la primera no seríamos humanos, seríamos máquinas programadas para llevar a cabo un fin. Y eso a mí no me mueve.
Joder... ahora quiero equivocarme.. Pero no, este planteamiento deductivo es correcto. Equivocarse y rectificar es de sabios. Qué bien haberme dado cuenta. Esto influye en el por qué soy feliz.

Que la fortuna os sonría. Hasta cuando sea.